Textos y fotografías: Mariana Agudelo. Comunicadora.

Para esta edición recomendamos el texto “Historia, vida y poderes de una especie invasora: estrategia para su control y manejo”, un proyecto producido por un equipo técnico de la Universidad Católica de Oriente en convenio con CORNARE y coordinado por el docente Mario Alberto Quijano Abril, en donde se comparte el estudio, el contexto histórico y las diferentes soluciones que se han planteado para el manejo de la planta Thunbergia alata, conocida comúnmente comoojo de poeta”, especialmente en el Oriente del departamento de Antioquia, afectado en gran medida por esta especie.

Esta especie es perteneciente a la familia ACANTHACEAE y es originaria de África Oriental. “En América particularmente se introdujo en el siglo XIX con fines ornamentales, iniciándose desde entonces una distribución por diversos espacios del territorio en sus ecosistemas más variados”.

En Colombia no hay registros exactos de su aparición, incluso en épocas atrás, se pensaba que la planta era propia del territorio nacional.

Es común su uso en el oficio de la jardinería gracias a su abundante floración de color anaranjado vistoso, así como por su rápido crecimiento, pero este acelerado desarrollo, es precisamente “el problema”, dado que llega a deteriorar a otras especies, porque les impide el paso de la luz y las lleva a un punto de ahogamiento severo.

Estas características convierten a la especie en un peligro debido a la invasión biológica que representa, provocando una alteración en los procesos que ocurren al interior de los ecosistemas naturales, especialmente en las zonas altas andinas de climas fríos.

“Hoy el ojo de poeta habita donde habita el hombre, siendo éste su mayor difusor, por lo tanto, no es ajeno avistar la especie que fue traída desde África desde el siglo pasado y continua en una insistente invasión de los bosques andinos amenazando la flora autóctona de la región”. Principalmente por esta razón,  es considerable recalcar que esa alteración de la que se habla, también se produce por las mismas conductas humanas, debido a que esta especie no tiene un control natural, ni hay animales que la consuman, la tarea de cuidado y control recae sobre las personas y en particular nosotros los amantes de la jardinería.

Dentro de las características más importantes para reconocer a esta planta son: su color naranja y su centro profundo de color negro. Crecen formando espirales; sus hojas son simples opuestas y sagitadas, es decir en forma de punta de lanza, presentan un borde ligeramente dentado, y se multiplican muy fácilmente a partir de semillas.

Estas propiedades se mencionan porque son necesarias para identificar la planta en el momento en el que se desee llevar un control de ella, siendo el primer paso para una correcta ejecución. “Dada su problemática es indispensable realizar estrategias de manejo que cuenten con una detección temprana de las zonas afectadas, lo cual previene posibles alteraciones asociadas a los cambios que se puedan presentar a futuro”.

Algunas de las estrategias que se pueden implementar son la detección, prevención, erradicación manual y monitoreo constante para evitar que germine nuevamente.

Invitamos a revisar este documento, que propone un modelo de estrategias conformado por 4 fases que permiten establecer el control sobre la especie para evitar el aumento del riesgo para la biodiversidad endémica del país. La fase 1 responde al diagnóstico de las zonas a intervenir, básicamente permite que se haga la caracterización del área de estudio y se analicen los puntos estratégicos de distribución de la planta.

En la segunda fase se define el tipo de ecosistema invadido, el grado de riesgo y se enfatiza en el trabajo comunitario a través de procesos de educación ambiental, incentivando a que las personas aporten en la solución de la problemática.

En la tercera fase hay un diseño metodológico que define la técnica de erradicación que se debe implementar, es importante porque esta planta se expande sin medida y puede llegar a lugares de difícil acceso o que representen un peligro para las personas. Se recomienda la erradicación de forma manual y contar con las herramientas pertinentes para dicha labor, como machetes, rastrillos o ganchos.

Y la cuarta fase comprende el monitoreo constante para la verificación del control, además de consolidar el proceso con la mejora de la estrategia dependiendo de las evoluciones con respecto a los riesgos y las barreras.

Este último proceso es imprescindible, puesto que allí se comprueba la efectividad de la erradicación, o en su defecto, la posible propagación. Por eso es necesario que se tome un rastreo de la información que arrojen los resultados para llevar un seguimiento.

Este texto resulta ser una guía bastante útil para entender el contexto de esta especie, además de entender la necesidad de eliminarla poco a poco para evitar que su impacto genere más estragos en los diferentes hábitats en los que se desarrolla. De esta forma desde la Revista DeJardines, nos comprometemos por una jardinería con sentido y responsabilidad ambiental, más allá, del simple disfrute estético.

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