Textos y Fotografías: María Eugenia Herrera H. y José Ignacio Maya G. | Email: josemaya@yahoo.com

Cascáis es una pequeña ciudad de Portugal situada al borde del Océano Atlántico y muy cerca al occidente de Lisboa. Esta ciudad, junto con sus vecinas Sintra y Estoril, son lugares de veraneo frecuente en Portugal y Europa; de hecho era sitio de descanso de la alguna vez, familia real de Portugal, y a la que se puede llegar en tren, autobús y auto, aunque también puedes hacerlo en bic.

El Paseo, que desde la vía principal atraviesa la ciudad, conduce a las playas y al malecón, el cual es bastante activo, amplio y con numerosos locales comerciales, restaurantes, y puestos de refrescos, helados y artesanías locales. Justo en una pequeña plaza podrás disfrutar de una popular bebida: algo así como un trago de vino de cereza con una bola de chocolate, que además la puedes recargar con más vino para un segundo deleite. Llama la atención cómo la planificación de las ciudades, puede concebir simultáneamente los espacios necesarios para todos: transeúntes, vehículos, árboles y flores.

Estamos a finales de marzo y la primavera se percibe. En Barcelona los brotes de hojas apenas asoman en los árboles (Platanus acerifolia) que se alinean sobre las Ramblas, pero acá, ya los jardines están florecidos.

Al dejar la pequeña plaza de artesanías, nos recibe una calle que pareciera alfombrada de pequeñas plantas de Cineraria (Pericallis cf. cruenta) de múltiples e intensos colores; sobre todo rojos, violetas y azules, que coquetas bordean la calle, escoltadas por clásicos faroles de color verde y palmeras (Washintonia sp.) que recuerdan antiguos y heroicos viajes a África y América, pero quienes las conocemos en el trópico, sabemos que por su color entre gris y ocre, ésta no es su estación más agradable.

En la foto inicial, al lado de María Eugenia, posan firmes las palmeras sobre un tapiz de césped reverdecido por el clima y acordonado por un kínder de flores. Al fondo una Araucaria asoma como queriendo decir: “Yo también quiero, mándame una copia” o tal vez “Eu também quero, me mande uma cópi”: más lejos, y algo desentendidos, los árboles de la plaza posiblemente Olmos o Arces, que no se dan por enterados o tal vez se confabulan y rumoran sobre los turistas.

Esta calle ajardinada lleva al paseo marítimo cuyos pisos están cubiertos por el clásico piso portugués; una suerte de olas formadas con piezas de mosaico en blanco y negro, diseños que también se encuentran en ciudades de Brasil por históricas razones. El Paseo nos permitirá luego llegar a la playa y al puerto de los pescadores.