Texto y Fotografías: Daniel Vásquez García, Biólogo.

Agradecimientos por la contribución en fotografía a: David Gómez, Blas Antonio Cárdenas, Nathalí Restrepo, Valentina Estrada y Juan Pablo Montoya C.

Este diverso y maravilloso grupo de plantas, se agrupan botánicamente en una familia de plantas neotropicales, llamada BROMELIACEAE, siendo reconocidas por presentar generalmente un crecimiento arrosetado con tallos reducidos y hojas alargadas, sin pecíolo, dispuestas en espiral; con la particularidad de que en la mayoría de estas, pueden acumular agua, a manera de “tanques” o reservorios. Así mismo, son distinguidas por presentar sus flores en inflorescencias muy vistosas, cubiertas de brácteas (hojas modificadas) coloridas, que pueden ubicarse entre las bases de las hojas, denominadas “axilares” como es el caso del género Greigia; ocultas en el centro de la roseta, como en Neoregelia o emergiendo con un pedúnculo (tallo) de hasta varios metros por encima del nivel de las hojas, denominadas

“erectas” como es el caso del género Puya, común en zonas de páramo, o en especies de los géneros Guzmania y Tillandsia, muy cultivados a nivel mundial como plantas ornamentales y decorativas.

Ejemplos de los tipos de inflorescencias: axilares en Greigia sp., Neoregelia sp. y erectas en Guzmania sp.

Aunque estas llamativas inflorescencias acompañadas de hojas arrosetadas permiten distinguirlas fácilmente de otros grupos de plantas, hay una característica que las hace únicas en el mundo vegetal: las bromelias, son de las únicas plantas que pueden nutrirse e hidratarse solo por las hojas, sin necesidad de usar raíces. Y esto es gracias a que el tejido más externo de la hoja, llamado epidermis, está recubierto de escamas peltadas; las cuales son grupos de células que se ensamblan a manera de un recipiente, para atrapar las corrientes de aire, cargadas de humedad y nutrientes, para así, almacenar rápidamente estos elementos en el tejido interno de la hoja. De esta manera, logran sobrevivir en ambientes tan inhóspitos, como la superficie de un cable de electricidad, dentro de una ciudad, o colgando de las ramas de los árboles como es el caso de Tillandsia recurvata y T. usneoides, respectivamente.

Ejemplo de Melenas o barbas de viejo (Tillandsia usneoides) con el detalle de sus hojas exhibiendo las escamas peltadas y una pequeña rana (Andinobates fulguritus) habitando en una bromelia.

Su origen evolutivo, al igual que el de otros grupos de monocotiledóneas, se remonta al período Cretácico medio, hace aproximadamente 100 millones de años, cuando apenas se acercaba la extinción de los dinosaurios y las plantas con flores comenzaban a expandirse por el planeta, colonizando los ecosistemas y desplazando los grupos de Gimnospermas (Pinos, Cícadas, Ginkgo, Gnetum) que dominaban los bosques en el Jurásico.

Excluyendo el fenómeno actual de dispersión global de la flora por parte del hombre, únicamente una especie de bromelia crece naturalmente fuera de América: Pitcairnia feliciana, que es endémica de Guinea Central, en la costa occidental de África, pero proviene de alguna de las especies que ha habitado la costa Atlántica de América y se sospecha que pudo haber llegado allí por un evento de dispersión a larga distancia, adherida a un tronco que flotó a través del océano Atlántico o al plumaje de un ave migratoria. El resto de las especies se distribuyen desde el Sur de Estados Unidos hasta el Norte de la Patagonia, Argentina.

Actualmente, la familia cuenta con aproximadamente 3.700 especies, distribuidas en ocho subfamilias y 79 géneros; en Colombia particularmente, hay cerca de 545 especies pertenecientes a 25 géneros, lo que lo convierte en el segundo país más diverso en Bromelias, después de Brasil. En el país, Bromeliaceae es una de las diez familias más representativas en el gradiente altitudinal y los géneros con mayor número de especies son: Guzmania (95), Pitcairnia (95) y Tillandsia (88). Es posible encontrar especies desde zonas costeras, hasta los páramos, a 4.000 metros de altitud. Esto quiere decir, que las bromelias nativas están presentes en diversas zonas de vida, habitando los bosques desde hace cientos de años. Hoy en día, por la urbanización y expansión agropecuaria, estos bosques que fueron su refugio, están desapareciendo, pero ellas siguen haciendo presencia en las coberturas que persisten. Si entrenas tu vista, se podría decir que, en casi todos los climas del territorio nacional, cuando vas por las zonas rurales, podrás disfrutar de una vistosa e interesante bromelia.

Se encuentran en bosques secos tropicales como los de las llanuras del Caribe o el valle del río Cauca en el occidente de Antioquia, en bosques húmedos tropicales como el Chocó o Magdalena Medio y en bosques montanos de las laderas andinas, como los que rodean el Valle de Aburrá o el Altiplano Norte de Antioquia. 

Sin embargo, la mayor diversidad y abundancia de bromelias, está representada en ecosistemas de alta humedad relativa como los bosques húmedos tropicales y los bosques de niebla de las montañas andinas.

El 60 % del total de especies que hacen parte de la familia son plantas epífitas, es decir, organismos que desarrollan toda su vida sobre otras plantas; generalmente árboles, donde obtienen la humedad y los nutrientes del aire y la lluvia. Estas plantas, al igual que los musgos, capturan el agua de la niebla y contribuyen a regular la humedad de los bosques. Además, al almacenar agua y hojarasca en la base de sus rosetas, cumplen una función ecosistémica muy importante por la exorbitante cantidad y diversidad de organismos que viven refugiados en sus hojas; entre sus visitantes se encuentran hongos y bacterias asociados a la superficie de las hojas, líquenes, musgos, lombrices (anélidos), insectos que dependen en una fase de su ciclo de vida del agua acumulada en la roseta; tales como cucarrones (coleópteros), mosquitos (dípteros) y libélulas (odonatos) e insectos sociales como las hormigas (himenópteros: formícidos). Además, diversos depredadores invertebrados y vertebrados, como las ranas y las serpientes, se ven atraídos por la cantidad de potenciales presas que pueden encontrar dentro de la roseta de una bromelia o arácnidos que disponen sus telarañas sobre las hojas de la planta, para cazar a los huéspedes que quieran entrar a este microecosistema.

A pesar de este alto porcentaje de epifitismo, la familia también incluye especies terrestres, con raíces desarrolladas, como las del género Puya; plantas trepadoras (hemiepífitas) que, aunque nacen en la tierra, se apoyan en los troncos y ramas de los árboles para alcanzar mayor incidencia de luz, como algunos representantes del género Pitcairnia; o especies que crecen sobre un sustrato rocoso como Tillandsia lajensis, denominadas como rupícolas o saxícolas.

Estos hábitos en los que una bromelia puede desarrollarse, son un factor importante a la hora de cultivar y propagar las bromeliáceas. Si se cambia el sustrato para el cual la planta está adaptada, será difícil que la planta sobreviva al ser cultivada. Por ejemplo, Tillandsia cyanea, conocida en Colombia como Lengua de Vaca, Pluma Rosa o Pluma de Indio, una especie nativa de Ecuador y Perú, que naturalmente crece en bosques tropicales, sobre las ramas de los árboles, es común ver cómo esta planta se siembra en un sustrato de tierra y se vende en macetas, hecho que causa un aumento en la humedad de la base de las rosetas y los ejes de la planta, lo que puede derivar en pudrición si se usa mucha tierra o si se hacen riegos frecuentes.

Consecuentemente, esta diversidad de hábitos trae también una amplia variedad de formas; así que las bromelias pueden ser hierbas de hasta 15 metros de largo, con un tallo notable y una inflorescencia robusta, que porta cientos de flores, como Puya raimondii, especie nativa del altiplano en Perú y Bolivia; o también pueden medir 3 centímetros, con inflorescencias reducidas a una única flor, como algunas especies del género Tillandsia.

Las flores en bromelias tienen órganos nectaríferos, que segregan gran cantidad de néctar, con una alta concentración de azúcares, además tienen diversidad de colores y esencias que funcionan eficazmente para atraer colibríes (Apodiformes-Trochilidae), murciélagos (Quirópteros) y mariposas (Lepidópteros), que son sus principales polinizadores. El espectáculo de la floración en Bromeliaceae dura entre uno y tres meses, en los que cada día se abren de una a dos flores aproximadamente, que quedan disponibles para los posibles polinizadores, solamente entre uno y tres días.

Fotografía de puya raimondii

Si las flores son fecundadas, formarán frutos, cuyas semillas se dispersan con la ayuda de apéndices plumosos movidos por el viento, o adheridas al plumaje o pelaje de algún animal, en el caso de los frutos secos, en forma de cápsula; o serán dispersadas por aves y mamíferos que consumen la pulpa dulce de los frutos carnosos, en forma de baya, que portan algunos géneros como Aechmea.

En cuanto a la reproducción natural de las bromelias, se presentan dos tipos: especies que son policárpicas, es decir que florecen y producen semillas varias veces a lo largo de su ciclo de vida y las de tipo monocárpico, que una vez se maduran los frutos y son liberadas las semillas, la planta entra en un estado de senescencia o envejecimiento, dado que florecen sólo una vez en su vida y luego mueren, sin embargo, en este segundo grupo, es muy frecuente, observar la aparición de “hijuelos o brotes” alrededor de la planta, lo que permite su propagación de forma vegetativa.

Las brácteas y flores de las bromeliáceas pueden tener gran variedad de colores; amarillo, verde, blanco, rojo, púrpura, rosado, verde y azul. Y esto sumado a la diversidad de formas y tamaños en que se presentan, las hace una de las familias con más potencial ornamental en el neotrópico. Las bromelias son tan atractivas a la vista que incluso se han convertido en uno de los grupos comúnmente extraídos en el tráfico ilegal de flora, y desde tiempos prehispánicos son saqueadas de los bosques de América. En la actualidad, el hombre, alucinado por su belleza, ha dispersado las bromelias por todo el mundo.

A. Frutos carnosos de Aechmea penduliflora
B. Hijuelo o brote vegetativo de Racinaea michelii.

Además, cabe resaltar que como plantas ornamentales poseen varias ventajas; las especies epífitas, no necesitan ser sembradas en tierra y pueden vivir sobre un cable o amarradas a algún soporte en una pared o suspendidas del techo, pueden sobrevivir sin necesidad de hidratación constante, como las suculentas o los cactus y, al estar provistas de proteasas, están equipadas con una defensa natural contra los herbívoros, además en las especies que suelen reproducirse vegetativamente antes de morir, hay un recambio natural de cada planta que muere, por lo tanto se pueden considerar como plantas infinitas; cada hijuelo tiene la misma información genética del parental que lo produjo así que la misma planta se repite a posteridad, si se le mantienen las condiciones adecuadas para que sobreviva.

Por otro lado, las bromelias, son plantas que aportan gran variedad de beneficios a las comunidades humanas; pues además de la piña (Ananas comosus), la más popular de las bromeliáceas, está el caso de las famosas Piñuelas (Bromelia karatas) con frutos igualmente comestibles, son empleadas en zonas de climas cálidos y secos, como cercos vivos, por las abundantes espinas que portan en los bordes de sus hojas. Así mismo, numerosas especies se usan con fines medicinales, textiles, ceremoniales y ornamentales desde tiempos prehispánicos. Comunidades indígenas como los Aztecas, Mayas, Quechuas y Yanomami las han empleado para realizar bebidas, guisos y postres con sus flores y frutos; para obtener fibras de sus hojas con las que fabrican vestimenta, redes de pesca y hamacas; y para elaborar antorchas que iluminan las ceremonias rituales con sus inflorescencias.

Adicionalmente, gracias a las propiedades medicinales que les aporta la presencia de proteasas como la Bromelina y la Ananina, las comunidades las han usado como antiinflamatorio, antifúngico, remedio para la tos, la diabetes, problemas digestivos y hasta para tratar tumores cancerígenos.

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