La realidad es que el aire que respiramos en casa, puede estar tan contaminado o más que el del exterior, debido a la enorme cantidad de partículas nocivas para la salud presentes en el aire, producto de las actividades humanas. Si a esto le sumamos la falta de renovación del aire, la mala circulación y en algunos casos la exposición prolongada de algunos materiales con los que se edifican las viviendas; los espacios cerrados pueden convertirse en un auténtico paraíso para los agentes contaminantes y causar trastornos, afecciones y enfermedades que afectan a sus habitantes
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